jueves, 16 de abril de 2009

¿Ministros o Candidatos?

El lunes se aclararon algunas cosas.
La primera: meterle el gaucho a Tabaré no es viable,
aunque la oposición siga sin entenderlo.
Lo segundo es que Daisy no se va. Lo dijo Toma.
¿Era necesario el respaldo formal del Poder Ejecutivo?
Nos recordó el refrán popular: “cuando el río suena…”
Pero lo tercero y más importante,
fue el ultimátum presidencial.
Después de junio si agarrás para candidato,
andá largando el ministerio.
¿Era necesaria la advertencia presidencial?
¿No alcanzaba con el sentido común?
Los hechos de los últimos tiempos
demuestran que se hizo imprescindible.
Porque la epidemia de electoralitis,
atacó fuerte a las jerarquías gubernamentales.
Alguno parece un obrero de la construcción de
su nuevo grupo político y se mueve como loco.
Otra necesita marcar perfil en su interna partidaria
y no hay micrófono que le alcance.
Parece que las tareas del ministerio las hacen de taquito.
Es poco serio ¿no?
Y en el fondo es anteponer lo personal
frente a lo colectivo.
Importa más la carrera política,
que la responsabilidad gubernamental.
El futuro cargo, el puesto de mañana, pesa más,
que la tarea y el compromiso con la gestión actual.
Atención que no sólo pasa con los ministros.
Ejércitos de asesores, funcionarios, expertos
y cuadros partidarios andan en la misma.
¿Hemos creado un monstruo burocrático?
Existen los que han hecho de la política,
una forma interesante de ganarse la vida.
Una casta de izquierda que flota y se acomoda.
Casta, sí... pero ¿de izquierda?
A los candidatos ansiosos sugerimos:
licencia sin goce de sueldo o dejen los lugares
a otros que trabajan comprometidos aquí y ahora.
Que por suerte son muchos
y no aflojan ni a boca de urna.

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